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IX Jornada de la Asociación de Administrativos de la Salud


El pasado sábado se celebró la IX Jornada de la ASS, de la cual ya hemos informado en la web de la GAP de Ciudad Real y que habeis podido tener acceso en los meses previos a través de la web de la Asociación (y que tenemos situada en el blogroll del margen derecho).

Pero, ¿para qué sirve una Jornada? ¿qué se pretende con su celebración?. Son preguntas que me hago cuando veo que un grupo de compañeros le dedican meses de trabajo y esfuerzo a organizarlas y coordinarlas. Sólo obtengo una respuesta: esta gente tienen claro lo que quieren y fe en lo que hacen. Creen que compartiendo se avanza, se aprende. Los organizadores de estos eventos son gentes que consideran que esta profesión tiene que reivindicarse como una pieza clave de la sanidad pública y luchan por ello. Y lo peor de todo es que hay muchos otros que creen lo mismo y que participan en estas jornadas con la mente abierta, dispuestos a contar (su situación, su experiencia,…) pero sobre todo dispuestos a escuchar, a aprender.

Al margen del contenido de la Jornada y lo didáctico de quienes tomaron la palabra en las ponencias y mesa, creo que tiene un valor especial el componente humano de los que asisten. Las motivaciones que cada uno tiene para desplazarse para pasar un día con otros copañeros son muy distintas, pero es seguro es que son de mucho peso.

Los sábados la mayoría los dedicamos a nuestros asuntos personales, nuestra familia, nuestro ocio, nuestro descanso. Sin embargo el pasado sábado más de cien administrativos de la sanidad decidieron renunciar a eso para compartir y aprender, para intercambiar opiniones y para visionar otras formas de ver y entender la profesión. Para mí tiene mucho mérito. Ni mencionar a quienes, además le han dedicado muchas horas al viaje para llegar allí.

En la comida de trabajo compartimos mesa administravos/as de Albacete, Cuenca, Ciudad Real, Barcelona y Santander y pudimos observar las diferencias de nuestro trabajo al cambiar de comunidad autónoma (incluso al cambiar de provincia dentro del terriotorio Sescam), pero apreciamos que son muchas más las cosas que nos unen. Seguro que esa es una de las razones por las que este tipo de encuentros acaban siendo siempre un éxito.

Me interesa trasladar a través de este sitio el contenido de la Jornada, las interesantes intervenciones de algunos ponentes, las conclusiones profesionales que al menos yo saqué de ese día (la haremos en los próximos días). Pero me interesa más si cabe, el aspecto humano de la Jornada, las motivaciones personales que cada uno tiene (tenemos) para renunciar a algo tan valioso como nuestro tiempo para dedicarlo a la profesión.

Cuando nos acercamos parece que llueve menos.

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El ombligo del mundo


ombligo del mundo

El ombligo del mundo según los griegos

Habéis comprobado que en las últimas semanas este sitio ha estado demasiado inactivo. La verdad es que han sucedido una serie de hechos (personales y profesionales) que han provocado que no le haya podido dedicar tiempo. Pero también la desgana hace estragos de vez en cuando.

Hay demasiadas circunstancias “internas” que no sólo no ayudan sino que entorpecen actividades e iniciativas que habría que potenciar e impulsar. Y cuando compruebas que quienes más deberían apoyar son los mismos que entorpecen y obstaculizan, te das de bruces con la cruda realidad.

Por otra parte, existe mucha apatía por los que se supone que estáis ahí. Esto (este lugar, entre otros) está construido y mantenido con una finalidad: que sirva de vehículo de comunicación entre un grupo de trabajadores-profesionales que antaño estaban muy olvidados y en ocasiones, mal tratados por nuestras jefaturas.

Honestamente, eso creo que ha cambiado en los últimos años. Pienso que hemos conseguido igualarnos al resto de profesionales sanitarios. Los administrativos participan, deciden, proponen igual que cualquier otro miembro de los equipos. En lo últimos años la inversión por estamentos ha favorecido claramente a los administrativos (al menos en nuestra Gerencia). Por ejemplo, el número de administrativos ha crecido un 40 %. Por ejemplo, en los últimos años las actividades formativas dirigidas a administrativos han sido superiores (en horas docentes) que las que se dirigen al resto de profesionales, a pesar de que el número de administrativos ronda los 100 frente a los aproximadamente 400 médicos y 400 enfermeros. Quiero reseñar con esto que desde esta Gerencia (y me consta que desde otras del Sescam) se ha realizado un esfuerzo importante por “igualar” la consideración y trato a todos los estamentos de los equipos de atención primaria y eso hay que reconocérselo a los diferentes equipos directivos que se han sucedido.

Pero (y se trata de un “pero” muy importante) ese “esfuerzo” no puede quedar ahí. Creo que estamos obligados a exigir mucho más a los que dirigen esta empresa. Hay mucho recorrido aún, mucho trabajo pendiente. Y en ello estamos. Contamos con que nos vamos a encontrar dificultad para avanzar, para mejorar. Cada vez que se pide o sugiere alguna pequeña mejora que lleve aparejada algún tipo de gasto o esfuerzo la oposición de la dirección está segura. Insisto: con ello contamos.

Pero con lo que no tendríamos que contar es con la apatía, desinterés y pasotismos de nuestros propios compañeros. Nos llegan infinidad de quejas o reivindicaciones de forma períodica. La mayoría de ellas persiguen igualarse, equipararse con médicos y enfermeros. Cosa loable y seguramente justa. Así debería ser en la mayoría de los casos. Pero es curioso que la mayoría de esas reivindicaciones persiguen igualarse “en lo negativo”. Queremos tener los mismos privilegios, los mismos horarios reales, pero no queremos responsabilidades, no queremos implicaciones, no queremos tener que tomar decisiones. Queremos que nos lo den hecho (“que decidan otros por mí, pero que decidan bien porque si no es así, me quejaré”)

Tenemos que hacer (todos) un esfuerzo por realizar una verdadera autocrítica. Dejemos de mirarnos el ombligo como si el nuestro fuera el más importante de todos los ombligos del mundo.

Desde que comencé a escribir estos párrafos tengo en la mente una frase de Groucho Marx que decía más o menos: “Surgiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cimas de la miseria“. Creo que nos la podemos aplicar. Surgiendo de la nada “funcionarial”, hemos ido ganando en reconocimientos hasta llegar al pasotismo y a reivindicar la ley del mínimo esfuerzo.

En fin, no son buenos tiempos para la euforia. No se si hago bien, pero creo que es necesario seguir proponiendo la autocrítica desde aquí. Puede ser un ejercicio sano.

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Las empresas y sus trabajadores


Existen diferentes filosofías para abordar la relación entre las organizaciones (empresas) y sus recursos humanos (trabajadores). Hay multitud de características que definen a cada una de ellas y, por lo tanto, muchos detalles que las diferencian. Uno de esas características que reflejan la voluntad de hacer las cosas bien (o regular) es el trato al grupo.

Hay, básicamente, dos formas de modelar el trato al grupo humano que día a día se deja muchas horas en su puesto de trabajo:

1. La fiscalización. Vigilar al trabajador, limitarle las salidas y los accesos (ya sean físicos o virtuales). Esta opción pone de manifiesto las limitaciones de la propia empresa, que basa su relación laboral principalmente en el cumplimiento de una serie de requisitos incuestionables (horario, permanencia, presencia,…)

2. La confianza. Aquí la empresa exige resultados, objetivos, cumplimiento de plazos, … Ofrece confianza en el trabajador y, lo más probable, es que reciba confianza y agradecimiento. Al trabajador se le considera un elemento autónomo, con capacidad de elegir y, por supuesto, con la responsabilidad suficiente como para que sea consciente de sus obligaciones.

Hace unos días leía una entrada en el blog “El viajero accidental” que me parece muy ilustrativa.

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