Cantidad, calidad e incentivación

La calidad es el concepto que tenemos que objetivar y medir cada vez que hablamos de incentivación. Al menos es lo que pretendemos a la hora de evaluar e incentivar tareas o servicios que prestamos desde las Unidades Administrativas. Yo creo que todo el mundo que conoce esta profesión es consciente de lo complejo de establecer criterios que permitan valorar si el trabajo hecho se ha realizado cumpliendo o superando unas normas mínimas de calidad.

Pero, ¿y si nos atrevemos a introducir otro concepto que intervenga en la incentivación? Un concepto que condiciona la forma de trabajar: la actividad.

Hasta ahora nos hemos centrado siempre en medir “como de bien” estamos trabajando. ¿Y si además intentamos medir “cuánto” estamos trabajando? Es decir, establecer una relación entre la calidad y la cantidad a la hora de decidir la cuantía de la incentivación. Esta experiencia no es nueva, ya la está practicando desde hace años la Coordinación de Unidades Adminstrativas de la Gerencia de Atención Primaria de Toledo.

¿Genera la misma calidad quien está sometido a una presión asistencial importante que quien no lo está? ¿Puede trabajar con la misma calidad las Unidades Administrativas que atienden a una población de 3.000 ciudadanos por administrativo, en un entorno rural, anciano y demandante, que otra que lo hace a una población de igual tamaño pero en un entorno urbano y a una población joven? ¿Y si estas dos las comparamos con otra unidad aministrativa de un pueblo rural de 1.000 habitantes?

Si estamos de acuerdo que quien atiende en un ambiente de tensión, estrés y presión constante por el alto volumen de trabajo no puede dedicarle el tiempo ni el empeño necesarios a cada uno de los usuarios (con lo que la calidad de su trabajo es menor y hay una relación negativa con respecto a la incentivación); estaremos de acuerdo que quien trabaja en esas circunstancias tiene que hacer un sobreesfuerzo para conseguir las mismas cotas de calidad que otra Unidad Adminisrativa en el que las condiciones de trabajo son más beneficiosas.

¿Deberíamos introducir, por tanto, la cantidad de trabajo como elemento de evaluación e incentivación?

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