Internet y la productividad en el trabajo

No soy de los que se dedican a leer la prensa a través de internet, ni siquiera en el trabajo; por eso hace unos días quise ampliar una noticia de ámbito local que escuche en el coche mientras iba a comenzar mi jornada laboral. Ya no recordaba que tenemos el acceso bloqueado a los periódicos de información. Para salvar el momento de frustración me metí en una radio on-line para escuchar un poco de música de fondo mientras continuaba con el trabajo,… pero el acceso también está bloqueado.

Esto es un ejemplo de lo que muchas empresas (incluída el Sescam) entienden por colaborar en la buena comunicación e información de sus trabajadores. Pero no es eso lo peor, existen otras muchas empresas que vetan a sus empleados el acceso a redes sociales en horas de trabajo; de la misma forma que hay padres a los que todavía les parece contraproducente que sus hijos tengan una Wii o naveguen por la red.

Hace unos días leí que la universidad de Melbourne, en un estudio publicado hace menos de un año (de abril de 2009) afirmaba que dedicar hasta un 20% del tiempo de trabajo a usar internet para fines particulares supone mejoras de la productividad de hasta el 9%. No es de extrañar. Al fin y al cabo los expertos en salud laboral siempre han dicho que durante el trabajo es bueno hacer pequeñas pausas para desconectar, estirarse, mirar por la ventana… El problema es que hay empresas que todavía no se han dado cuenta de que internet es para muchos -en especial para las nuevas generaciones- su ventana al mundo, y todos sabemos cuanto más a gusto se trabaja en una oficina con “ventanas a la calle”, en la que penetre la luz natural, que en una con ventanas a un patio interior, pequeño y sombrío. No tener acceso a internet supone, cada vez más, estar aislado del mundo, de tu mundo; es como si nos obligaran a desconectar el móvil o nos impidiesen recibir llamadas personales en el trabajo. Sin embargo, muchas empresas desconfían de la red. Que sus trabajadores pierdan el tiempo tomando café, charlando en el pasillo o marchándose a sus casas media hora antes del final de la jornada es algo soportable, pero la posibilidad de que naveguen por internet es una auténtica catástrofe.

La ubicuidad de las redes sociales y su importancia cada vez mayor en la vida de las personas produce un efecto interesante: las empresas gastan dinero en software y procedimientos para impedir el acceso de sus trabajadores a sitios como Facebook (no es el caso del Sescam,… aún) y lo que consiguen en realidad con ello son trabajadores más desmotivados, que ven como se les impide el acceso a una conexión con personas y acontecimientos razonablemente importante en sus vidas, y que les lleva a relaciones profesionales basadas en la desconfianza y la represión, en las que predomina un escaso compromiso.

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