La validez aparente

En los últimos días hemos recibido un borrador del que será la próxima edición (ampliada y mejorada) del Manual de Atención al Usuario del Sescam. Este Manual ya existe desde hace años (editado en su día por la ya inexistente Oficina de Atención al Usuario) y ahora pretende ser actualizada. En este nuevo Manual se incluyen técnicas de comunicación y consejos a tener en cuenta en el trato diario con los usuarios. Por supuesto, existe un apartado importante dedicado a la comunicación no verbal y su importancia. Según este manual el 75 % de la información que se procesa se hace a nivel visual. “Esto significa que la conducta no verbal adquiere en la comunicación, como mínimo, igual relevancia que la conducta verbal. La adecuada utilización de la conducta no verbal se correlaciona con la valoración de competencia social.”

Según cuenta Plutarco en sus “Vidas paralelas”, un patricio romano llamado Publio Clodio, dueño de una gran fortuna, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César. En una ocasión el patricio entró en la casa del César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por engaño y sacrilegio.

Como consecuencia de ello, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso, pero afirmando que no le agradaba el hecho de que su mujer fuera sospechosa de infidelidad, porque “no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”.

Eso en psicología es un concepto que atiende al nombre de “validez aparente”. En nuestra vida personal y profesional buscamos constantemente la “validez aparente”. La perseguimos cuando, por ejemplo, compramos ropa de marca, no sólo nos interesa el contenido del producto, también no interesa el “envase” (¿alguién se fiaría de un dentista que nos atiende en chándal, aunque fuera un dentista prestigioso?) El aspecto, lo que comunicamos con nuestro comportamiento y nuestros gestos y nuestra forma de vestir, está muy relacionado con la validez que otros le dan a lo que decimos, por lo tanto: a la verdadera validez de lo que transmitimos.

Podemos ser buenos profesionales, formados, éticos en nuestra labor y preocupados por aprender,… pero ¿y si no tenemos validez aparente?. Nos guste o no utilizamos prejuicios, estereotipos… y sin duda una buena presentación del producto ayuda mucho a su éxito final.

¿Le das importancia a la validez aparente (tuya o de otros) o crees que “la procesión va por dentro”?

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