Que inventen otros

bombillaLa situación de la Atención Primaria a nivel estatal es preocupante. El colapso de las consultas de medicina de familia y pediatría obliga a replantearse la gestión de la atención primaria para conseguir ofertar salud en condiciones de factibilidad, eficacia y eficiencia soportables tanto para el sistema sanitario público, como para los ciudadanos que desean que sus problemas de salud sean atendidos y, si es posible resueltos en plazos lógicos. Esta situación obliga a tomar medidas, a experimentar sistemas de gestión nuevos, a replantearse la atención primaria y modificar, si es necesario su estructura. El análisis crítico necesita llegar hasta los cimientos del sistema sanitario. Hay que volverse a plantear cual es el papel que deben tener los diferentes profesionales que intervienen en la prestación de este servicio público. ¿Qué actividad debe desarrollar el médico de familia? ¿Cuál debe ser su intervención? ¿En qué tareas debe centrarse? ¿A qué tipo de pacientes debe atender? ¿Qué demandas tiene que asumir? ¿Qué otras demandas debe delegar en otros profesionales del Equipo? ¿Qué papel debe jugar la enfermera? ¿El mismo que ha estado desarrollando hasta este momento? ¿el de apoyo y asistencia al médico? ¿Debe asumir mayores responsabilidades acordes con su titulación y con sus conocimientos? ¿Qué función debe desempeñar el administrativo? ¿El de citador? ¿Es lógico que el administrativo actual de un centro de salud esté trabajando con el mismo sistema que el de hace 10-15 años? ¿Deben adaptarse los procedimientos de trabajo? ¿Tienen que adecuarse sus responsabilidades? ¿Tiene que actualizarse su salario para adecuarlo a las nuevas responsabilidades?. No sólo deben cambiar y modernizarse las herramientas de trabajo. Deben modificarse los conceptos y las estructuras. Debería ser un cambio que fuese de arriba hacia abajo y desde abajo hacia arriba. No sólo los profesionales pueden invertir imaginación, ganas y esfuerzos para redirigir por otros caminos a la Atención Primaria. También, y principalmente, quienes tienen la capacidad de gestionar, dirigir y legislar tienen la obligación de impulsar el cambio, diseñar una Atención Primaria más moderna y acorde con las necesidades del presente, ajustándola a lo que los ciudadanos esperan de ella. No puede ser que todo el peso de la responsabilidad de este cambio recaiga sobre los profesionales. Como tampoco puede ser que los profesionales esperemos “de brazos cruzados” a que otros nos impongan nuevos sistemas de trabajo. Este sistema ha de cambiar (hemos de cambiarlo) entre todos. O lo cambiamos desde dentro, adecuando las tareas y responsabilidades a los nuevos tiempos, o nos lo cambiarán desde fuera. O nos “ponemos las pilas”, o perdemos todos: los ciudadanos, la institución,… y también los profesionales. Muchos de nosotros actuamos como si la situación actual fuera algo ajeno y lejano.

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